Nuestra labor en el orfanato Novi Petrivtsi


Nuestra visita al orfanato de Novi Petrivtsi, 2019

Como cada año en invierno, con nuestra traductora Ludmila, visitamos un pequeño orfanato en una población cercana a Kiev, Novi Petrivtsi. Nos desplazamos hasta allí ya que los orfanatos de la capital suelen estar más dotados, pero los que están lejos de zonas muy pobladas están más faltos de recursos.

Rubén García, director de surrofamily en el orfanato de Novi Petrivtsi

Nuestra relación con los orfanatos en Ucrania viene ya de hace años, cuando fuimos padres de acogida en verano de un niño ucraniano a través de la ONG “Ven con nosotros”. Hoy en día, Slavic ya es un mozalbete de 19 años con el que nos solemos reunir en Kiev junto con su novia. Muchos de estos niños proceden de orfanatos o de familias en peligro de exclusión social.

La acogida internacional fue nuestra única opción de ser padres mientras estuvimos 7 años intentando adoptar. Durante esos 7 años se nos denegó la adopción reiteradamente por el mero hecho de haber sufrido mi mujer un cáncer, y tras estas negativas, pusimos fin a nuestro sueño de adoptar un niño e iniciamos en 2013 nuestro primer proceso de gestación subrogada en Tailandia, después del nacimiento de nuestro primer hijo en 2014 iniciamos otro proceso de gestación subrogada, esta vez en Ucrania, fruto del cual tenemos a nuestra hija nacida en 2018.

Este año visitamos el orfanato con el que colaboramos y pudimos constatar las mejoras en las instalaciones con respecto al año anterior. Logramos que se pudieran cambiar unas cuantas literas que ya estaban pidiendo jubilación, y durante este año se acometerá una pequeña renovación eléctrica en varios dormitorios en los que se han quedado sin luz.

Como siempre hablamos un buen rato con el responsable del centro que nos fue contando la evolución de las instalaciones y de los niños. Los que han accedido al orfanato y otros que han sido adoptados y a donde han ido.

Las autoridades muchas veces no permiten una adopción plena por las circunstancias familiares del entorno del menor y sólo logran ser acogidos de forma temporal. Como nos relata el director del centro, esto provoca casos como el de un chico de 23 años, que tras ser acogido en varias familias, acabó de nuevo en el centro por desarraigo familiar. En Ucrania, la acogida se hace complicada y, muchas veces, a capricho de la autoridad social, se les cambia de familia sin un criterio muy claro ni certero. En este caso, Ludmila ha conseguido que una familia que adoptó una niña ucraniana se interesara por este chico y le han ofrecido un entorno familiar y trabajo en Argentina, ¡qué buenas noticias!

Ludmila con el chico de 23 años que ha encontrado una familia en Argentina

Son muchas las anécdotas y situaciones por las que pasan estos niños. En esta visita nos encontramos con Micaela (nombre ficticio). Estamos acostumbrados a ver lo bien que reciben los niños al director del centro, en cuanto aparece por la puerta se lo comen a besos, literalmente! Grandes y pequeños, y es porque se porta muy bien con ellos. Pero, en esta ocasión, vimos cómo había una niña con una actitud bastante ausente y triste para cómo se suelen comportar cuando hay una visita. Mostraba en su carita una profunda tristeza .

El director nos contó que su hermano pequeño había sido adoptado por una familia de EE.UU. y ella se había quedado en el orfanato. Conocer esto me apenó muchísimo. No puedo ni imaginar lo que ha de ser para Micaela haberse separado de su hermano. El director nos fue enseñando las mejoras que habían logrado hacer en el último año pero Micaela seguía mostrando una actitud bastante impasible, a lo largo de la visita.

Siempre llevamos algún pastel o golosinas, pero nada le levantaba el ánimo. Hasta que se me ocurrió explicarle que yo tenía dos hijos, un poco más pequeños que ella, y le mostré unas fotos. Inmediatamente me quitó el móvil de las manos y se fijó en una foto. En ella estaban Chencho (nuestro primer hijo) y Fareed, nuestro perro. Le gustó tanto que se fue a enseñar su descubrimiento a todos los niños del centro. Por unos instantes la vi feliz. Me devolvió el móvil y desapareció. Al poco tiempo regresó y nos trajo en sus brazos al gato que tienen en el orfanato. Fue el único momento en que le vi esbozar una pequeña sonrisa.

Como dijo una amiga, no hay mejor terapia que una bonita mascota. La familia Pingüi desde España te desea lo mejor Micaela. Y, si es posible, te veremos de nuevo en el orfanato, pero en una fotografía de las que colgadas en las paredes, de las que le sirven al director para contarnos quién y en dónde han logrado esos niños encontrar su familia.

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